El prisionero que Kim Jong-un un tuvo que soltar; estaba condenado a 15 años.
Allí adentro pasó algo que nadie esperaba. En público, los guardias le decían por su número de preso: 103. En privado, le decían “pastor”. Y le dejaron quedarse con su Biblia.
El 8 de noviembre de 2014, Corea del Norte lo dejó en libertad. Le faltaban más de 13 años de condena. Al llegar a Estados Unidos dijo: “Gracias por orar”.
Hoy, en Corea del Norte, muchos cristianos siguen presos por su fe, y nadie conoce sus nombres. No los olvidemos en oración.
